LA NOVEDAD DE “LO MISMO” Y LOS PELIGROS DE SU SEDUCCION*
Por: Milton Benítez**
Por cierto que la democracia en américa Latina no es nada
nuevo. Se la viene arrastrando desde hace ya mucho tiempo, aunque de una manera
precaria. Anémica y dubitativa no sabe otra cosa que precipitarse en la
dictadura. ¡Una democracia que vegeta entre la vida y la muerte! Sólo quienes
creen que la democracia es la forma de un régimen político que debe garantizar
la libertad y la igualdad, no descubren que en Ecuador es ya casi una vieja
solterona que, al igual que en el resto del “mundo occidental”, ha perdido todo
su encanto. Sin embargo, arrugada y fea, contrastada con la dictadura que le
sirve de referente inmediato, no deja de provocar cierta seducción sobre sus
almas piadosas, incluso allí donde su mal maquillado rostro pone en evidencia
su verdadera alma: la ley de seguridad nacional, como su “ethos”, la tolerancia
y la impunidad de los crímenes contra el pueblo, los pactos y amarres políticos,
la demagogia y el engaño. Como quiera que sea, Allí donde logra ponerse en pie, empieza
por ponderarse a si misma, Astuta, a pesar de todo, ha de procurar constituirse en la verdad del momento,
en la verdad de siempre. Ha de buscar universalizarse y eternizarse en la
conciencia del pueblo.
EL FETICHISMO DE LA DEMOCRACIA
Allí donde la representación fantástica que las clases dominantes se hacen de su realidad se convierte en prejuicio popular, allí queda sellado un pacto solido, indisoluble, entre opresores y oprimidos. Allí queda garantizada la voluntad de mando del dominador bajo la forma de institución neutral. Allí queda garantizada la voluntad del sometimiento del oprimido bajo la forma de aceptación y respeto de ese orden institucional. No importa bajo que bajo los efectos de este la oprimida sufra y su vida misma se convierta en una existencia gimiente. En la asimilación de prejuicio, que en lo sucesivo pasa a gobernar el mundo interior de la representación de su vida, las causas de su situación miserable abandonan el reino de este mundo para refugiarse en el impenetrable, y por lo mismo inaprehensible mundo al que van a parar las causas desconocidas.
El prejuicio oficial interiorizado en la conciencia del oprimido provoca el
efecto de disociación entre la representación del mundo donde todo parece estar
bien, o por lo menos llegara a estarlo, y el mundo real en el que todo esta mal
y seguirá estándolo. En el ciclo de la representación; la esperanza, en el mundo de las relaciones reales y
cotidianas; la desesperanza, esta disociación
solo encuentra su salida en la
revolución. La revolución que cambia radicalmente las condiciones de la
sociedad sobre las que se monta un poder político opresor, vuelve innecesario
un discurso ideológico mistificador.
Las clases dominantes de la Antigüedad convirtieron en
prejuicio popular la creencia de que vinieron al mundo para gobernar en nombre
de los dioses, las clases dominantes de la Edad media y del renacimiento
hicieron otro tanto. Fue necesario que la humanidad se rebelara contra estas supersticiones
que en su tiempo pasaban como la quinta
esencia de la verdad, para que comenzaran
a ser abatidas las condiciones de miseria y opresión de aquellas épocas.
Así como la
conciencia que adquieren los esclavos de
que no debían ser propiedad de un
tercero, que su esclavitud no era “natural”, , esto es al volverse
consientes como personas , expresaba un
momento histórico en que la “esclavitud” solo podía seguir vegetando en una
existencia artificial, asimismo , al volverse consiente el siervo de la gleba
que su situación oprobiosa no venia avalada por una desigualdad natural , el
régimen feudal ya solo podía seguir
subsistiendo en el umbral de su
descomposición. La reforma de Lutero, al golpear en el la parte mas sensible
de la ideología oficial del feudalismo, abrió el camino de lo que mas
tarde afloraría como revolución liberal. Pero lo que vino, trajo aparejadas
nuevas condiciones de las que emergieron, como levadura en masa, nuevas clases
dominantes y, con estas, nuevas representaciones fantásticas de su mundo recién
inaugurado que habrían de convertirse en otros tantos nuevos prejuicios
populares.
Para la cultura occidental, dentro de la cual nos
encontramos inmersos también los ecuatoriano , el mundo moderno es aquel mundo
que se abre a partir de la revolución industrial inglesa de mediados del siglo
XVIII; esto es, el mundo de las relaciones capitalistas que abría de servir de
base para la gran revolución francesa de 1789 que plasmo en el universo de la
representación política los nuevos signos de la igualdad y de la libertad entre
los hombres , dando al conjunto de las
clases dominantes , sino el fundamento de una doctrina política al menos los
elementos y el marco referencial dentro del cual habrían de fabricar la nueva
religión política para el consumo de masas.
A partir de entonces, ya no se trataría de más de una
existencia humana fundada en el orden divino,
sino tan solo, de un orden social compuesto por hombres en el cual la unidad y
la medida de las cosas habrían de ser
esos hombres. Esta ideología de la
recuperación del hombre en el terreno de
la sociedad. Habría de ser utilizada como signo de identificación de un sistema
político que, en homenaje y recordación
de la época heroica de los griegos
recibió el nombre de Democracia.
Desde entonces, decir democracia aparecería idéntico a decir régimen político
que garantiza libertad e igualdad. Parte de ese eufemismo el que todos los
gobernantes de turno y sus ideólogos den
sus respectivos regimenes al adjetivo democrático, y a sus supuestos fines, la
salvaguarda de la libertad e igualdad.
La representación fantástica de las clases dominantes solo en prejuicio popular, en
religión de la vida cotidiana de las masas, allí donde la realidad sobre la que
se levanta ese prejuicio logra ser
comprendido a partir de dos supuestos consubstanciales a la estructura del
prejuicio mismo: 1) ser una realidad de todos, 2) ser una realidad de siempre
La democracia de la antigüedad solo pudo llegar a ser
realidad de todos en la medida que allí todos eran únicamente los ciudadanos,
hijos legítimos del Estado. El régimen político del feudalismo solo pudo llegar
a ser realidad de todos, en tanto en que los todos eran aquí únicamente los
dueños de una determinada extensión territorial en el interior de la cual los
campesinos – sobrefetaciones naturales
de la tierra- trabajaban para hacer posible el tributo en especie para el
mantenimiento de la jerarquía de los nobles, y el tributo en vidas jóvenes para
el mantenimiento de las huestes militares. La democracia del mundo moderno,
nuestro sistema político aparece como de todos únicamente en tanto que logro
disociar la existencia política del hombre como ciudadano de su existencia real como persona social.
¿Qué es lo que se pretendía y se lograba con esto ?... Probarles a los
oprimidos de cada época su identidad
particular y su derecho a la subversión en unos casos, lo que estaba negada su
relación de pertenecía al mundo de la vida estatal; porque estaban naturalmente de la vida política. En el otro caso, en el mundo moderno, porque
se les volvía coautores y
corresponsables del régimen que, sin ser el suyo se les imponía como propio y
que, por lo mismo abrían que acatarlo y protegerlo.
El concepto de que el la democracia moderna el pueblo soberano es la fuente de todo poder, no tiene mas significado que
el provocar en el nivel de la conciencia esa impostación. En cada ciudadano –
se dice - , vibra y palpita un ápice del régimen estatal. Cada individuo
aparece como responsable del estado. La complicidad de los ciudadanos frente al
estado moderno aparece, en el universo de esta representación abstracta y
fetichizada, disolviendo las diferencias reales que en el mundo de la vida
cotidiana dividen a los hombres en poseedores y no poseedores, en opresores y
oprimidos. Y, en tanto que esa disolución se opera frente a una realidad
política que no es la de todos, sino tan solo de las clases propietarias, se
universaliza y se afianza el interés político de la burguesía, y se disuelve y
despoja de todo derecho de existencia el interese político del oprimido que
no se equipara, por cierto, con la realidad política del opresos a partir de
aquí, el hombre como ciudadano termina convirtiéndose en servidor del hombre
como burgués y , en esta misma medida, el régimen político de “todos los
hombres”, como régimen político tan solo de la sociedad burguesa.
En el universo de la ideología oficial, la democracia
burguesa termina representándose como la forma política de siempre, aunque su
existencia real tenga apenas 200 años, y aunque también en muchos lugares haya
sido definitivamente superada. Desde siempre, desde el inicio de la vida misma abría
de venir madurando, pasando por sucesivas metamorfosis que desembocarían
finalmente bajo la forma del régimen político del mundo presente. El mito bíblico de la caída del
hombre, de la perdida de la gracia divina, de su largo y trabajoso camino de redención, habría de
dar el argumento general para el drama de la historia del mundo moderno. La
revolución francesa que abrió a la humanidad a este mundo moderno, abría de dar
la gran noticia del final de ese largo peregrinaje de la raza humana en busca
de su esencia perdida desde entonces los demás pueblos del mundo no tendrían
sino que seguir su ejemplo. Y lo siguieron, efectivamente, aunque la
profundidad y la altura de sus respectivas revoluciones aparezcan, contrastadas
con la gran revolución francesa como una tenue y débil repetición. Tal el caso
de las revoluciones latinoamericana, por ejemplo. Con excepción de los países
socialista que a partir de 1917 abrieron
la posibilidad de una verdadera democracia, y de una parte del mundo islámico
que se resiste a encontrarse en los molde la cultura occidental, el resto de
los pueblos viven bajo el sistema de la democracia burguesa. Sin embargo, en
todos estos países la promesa de la redención humana parece haber terminado,
siendo un bello sueño que cada vez se pierde mas en los confines de un tiempo
que va perteneciendo a un lejano pasado. El contraste grotesco entre la
realidad viva y la representación de esa realidad en el mundo burgués en el terreno
de la ideología oficial no pasa de ser, empero, un reto de la astucia de la
democracia se pone a si misma para poder afirmarse. En el mundo de la
democracia de los granjeros con sombrero tejano y de los corredores de la
bolsa, arrecia la discriminación racial, la desocupación masiva, la súper
explotación de los americanos residentes, de los chicanos, de los puertorriqueños.
En Europa cuna del régimen democrático, los países desarrollados, esto es, las
potencias imperialistas, devoran a la población joven de los países
subdesarrollados que se trasladan en bandadas de verano a trabajar en las
haciendas de los grandes capitalistas. Las crisis sociales se transforman en
graves crisis políticas que conmueven periódicamente la vida de las sociedades.
Pero frente a todo esto, las clases dominantes cuentan con la “fortaleza” de su
sistema político que ha de salir, en último termino triunfante. La concepción
burguesa es, en este punto dramática.
El contenido de su dramatismo es triunfalista: de su
negación en negación la democracia lleva en su seno el destino de su plena
afirmación. Esta forma de representación del
problema en el que se pone de manifiesto el carácter supersticioso de la
ideología burguesa, solo tiene una finalidad: afianzar en la conciencia del
pueblo, de los oprimidos y explotados, la creencia de que su régimen es eterno.
Esto es, convertirlo en una realidad sin tiempo histórico. Más
allá de ella – reza en el decálogo burgués- nada, puesto que ella misma es
todo. Es aquí donde aparece la segunda condición de a transformación de la
representación ilusoria de la burguesía respecto de su realidad histórica, en
prejuicio popular, en religión para el consumo de masas: en la eternización del
presente. ¿Qué se pretende y que se consigue con esto?... robarle al oprimido
su porvenir, ni mas ni menos como la concepción plana de la tierra que se precipita
en abismos insondables mas allá de los estrechos limites dentro de los cuales
se contenían los dominios de una sociedad enfeudad en sus castillos y
monasterios, trato de robar el horizonte
ilimitado de una tierra en su plena redondez, a la modernidad, así al hombre
del porvenir, es decir al obrero del mundo actual, al inculcársele la idea de
que el régimen del hombre moderno, es decir, del burgués, es el final y el
remate de todo desarrollo histórico, se le quiere robar la certidumbre y la fe
de un régimen plenamente humano.
La critica del fetichismo de la democracia
La critica de la concepción burguesa acerca de su realidad
política, de la representación fantástica de su democracia, ha sido
desarrollada ya desde hace mucho tiempo atrás y siempre, en el terreno mismo de
los hechos.
En primer lugar, en los efecto que produjo la propia gran
revolución francesa. En la “desbandada” de los actores de la revolución hacia
la derecha y hacia la izquierda. En el movimiento arrollador en la lucha contra
el “anciano régimen” fueron las masas
trabajadoras las que más decidida y mas radicalmente participaron. En el fragor de la lucha,
fijado con fuerza irresistible al enemigo, ansiosa de alcanzar por su propia
mano de otros les habían negado, ¿Qué sabían ellas acerca de la forma de régimen
que mas cabalmente se correspondían
con la coyuntura política? Se les
había llamado a luchar en nombre y por la libertad del hombre. Ellos eran
hombres, les incumbía por lo tanto, y su libertad se estrellaba en la gran
propiedad. ¿Por qué no habrían de liquidar toda propiedad? El acuerdo general en cuanto a que la
democracia que debía implantarse con la revolución era la forma de un régimen
en el que se realizaría la igualdad y la libertad, encontraba su contraste en
lo tocante a la abolición de las causas materiales desde las que emergía la
desigualdad y la injusticia. La democracia resultante de la revolución debía
garantizar celosamente la propiedad
moderna. Para las masas, debía suprimirla, simplemente; lo demás, era asunto de
letrados. En el vértigo de la revolución,
usando esta había alcanzado la velocidad suficiente para hacer ver de lo
que seria capaz, el ala derecha de los revolucionarios gritaba: “!cuidado¡
!cuidado¡... nos precipitamos en los confines de un mundo que nos es
desconocido. La sociedad esta acercándose peligrosamente hacia zona cuyo eje
polar no es el nuestro. Detener la revolución o terminara estallando en mil
pedazos la propiedad privada base y fundamento del régimen que tratamos de
implantar”. Desde la izquierda, el coro de ángeles de los descamisados no podía
menos que gritar al mundo convulsionado de entonces: “!avanzad¡,¡avanzad! … mas
allá de la propiedad resplandece la alegría”.
¿Como conjuro la burguesía este peligro y como puso en
evidencia que su discurso ideológico sobre lo que realmente buscaba no era mas
que una representación ilusoria? Haciendo retroceder la revolución al punto al
que históricamente le estaba permitido. ¿Cuál era este punto?, la organización
y consolidación de la sociedad burguesa. A la revolución burguesa sucedió el
florecimiento del capital. El trabajador de la gleba paso a ser “trabajador libre”, es decir,
trabajador desprovisto de toda propiedad objetiva y que, por lo mismo, para
poder vivir, tendría que vender su capacidad de trabajo a los dueños de la
propiedad que ahora se hallaba concentrada bajo la forma de capital. El
terrateniente dejo de ser tal terrateniente para convertirse en hacendado. El
maestro artesano paso a ser industrial. El usurero, banquero, etc., etc. Para
el capitalista, la libertad. Para el trabajador “libre”, la opresión y la
miseria. ¿Podrían este ultimo creer en el discurso ideológico de la democracia
burguesa? Tanto no lo creyeron, que el de 1831 se hizo presente la primera gran
insurrección de oprimidos del campo y de la ciudad, dirigidos por la “sociedad
de las estaciones” bajo la jefatura de Augusto Blanqui, ahogada en sangre por
el régimen burgués de entonces. En marzo de 1848, se levanto la gran revolución
de masas de obreros que abría de dar a la burguesía la medida de la naturaleza
y del carácter del enemigo que había contribuido a formar. En 1871, estalla la
gran revolución proletaria que accede al poder del estado y que terminaría
acribillada por fuerzas conjugadas de los ejércitos de Alemania y Francia, revolución en cuyo recuerdo se plasmaron en
el cementerio de Melville las impresiones del
despotismo criminal que anida en el pecho del demócrata moderno y que sale a flor de tierra en el punto y en
el momento en que ve amenazado su régimen. Frente al “muro de los lamentos“el pudor demócrata burgués no puede menos que sonrojarse. Mas allá de
todo esto, la mas rotunda critica de la democracia burguesa y de su concepción
fetichizada, esta en la existencia de los regímenes socialistas.
LA NUEVA REALIDAD DE LA DEMOCRACIA
La expresión racional, teórica, de la crítica de la ideología burguesa, surge en el momento mismo en que los oprimidos del mundo moderno rompen todo compromiso con la burguesía y se lanzan por el camino de su lucha independiente. Para ellos, y desde ese momento, la democracia ya no es mas un principio, una idea moral a la que debe acercarse la sociedad, sino tan solo una forma de estado, producto ella misma del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. Como tal, una forma de opresión. La democracia – dice Engels- no esta en función de la libertad sino de la opresión. Al hacer esta afirmación distingue, empero, entre dos formas de opresión de contenido diferente: la democracia burguesa que es una virtual falsa democracia, si este termino debe ser entendido como gobierno del pueblo, pues instituye la opresión de una mayoría absoluta de la sociedad por una minoría de potentados y ricachones. En el contexto de la sociedad capitalista, “la democracia es imposible”. De otro lado, la democracia socialista, aquella forma de régimen político a al que el burgués se refiere con desprecio cuando afirma que se trata del “totalitarismo” y que pone mucho cuidado, sin embargo, en no decir “democracia popular”. Democracia en la que la mayoría absoluta del pueblo, esto es, la masa de trabajadores, oprime a una minoría de burgueses, residuos del régimen anterior. Porque la democracia socialista es una democracia del pueblo, es un asunto que aquí no lo vamos a desarrollar. Sin embargo, es necesario que digamos unas dos palabras: la revolución socialista, al disolver la propiedad privada, crea un orden social en el que por primera vez en la historia de la humanidad, el poder político no se escapa de las manos del trabajador.
Con arreglo a lo anterior, la democracia no es más que la
expresión de la correlación de fuerzas
entre clases históricamente antagónica, la democracia burguesa es tan solo la
expresión del triunfo de la burguesía sobre las clases dominantes del
feudalismo, de un lado; de otro, la expresión de un estado de sometimiento del
pueblo trabajador. Allí donde éste empieza a insurreccionarse contra las
condiciones impuestas por la burguesía, allí empieza la historia de la
descomposición de la democracia y, por tanto, la bancarrota de su
representación ideológica fetichizada. Allí aparece claro que la democracia no
viene en nombre de la libertad y de la igualdad, sino tan solo del
sometimiento.
* Publicado originalmente en la revista Argumentos de la Universidad Central, Numero 1, Agosto de 1980 **Docente de la Escuela de Sociología y Ciencias Politicas -UCE
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